La propuesta parte de una arquitectura sobria y esencial, enriquecida por una selección precisa de materiales, piezas y texturas. Cada elemento responde a una misma intención, aportar su propia historia para construir en conjunto, un relato coherente y personal.

Una colección de piezas de diseño clásico, arte y objetos reunidos a lo largo de una vida es el punto de partida de este encargo. Trabajamos desde la materia y las texturas rústicas en los estucos de las paredes como contraste del refinamiento del conjunto. La luz construye una base serena y nada dramática que permite que cada pieza tenga su propio espacio y presencia sin protagonismos teatrales.

La mezcla de épocas y estilos construye un espacio personal y vivido, donde cada pieza aporta su propia historia y encuentra su lugar dentro de un conjunto equilibrado. No buscamos una lectura homogénea, sino una convivencia natural entre diferentes lenguajes, donde lo clásico, lo contemporáneo y lo personal se encuentran sin perder coherencia. La elegancia aparece precisamente en esa mezcla, en la capacidad de reunir piezas con carácter y convertirlas en parte de un mismo relato.

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