Una intervención de interiorismo contenida, donde las formas curvas y el vacio como respeto hacia los elementos existentes dialogan con la austeridad de la arquitectura.

Esta vivienda se concibe como un ejercicio de equilibrio entre sofisticación y contención. Lejos de códigos ostentosos, el proyecto apuesta por materiales simples de tonos minerales, texturas suaves y volúmenes orgánicos que construyen un universo doméstico sereno y acogedor.

El interior se articula a través de formas envolventes, curvas sutiles y una paleta neutra que aporta luz, calma y continuidad a los espacios. La selección de piezas introduce un carácter delicado y femenino. El resultado es una vivienda contemporánea y sofisticada, donde cada decisión proyectual contribuye a construir una atmósfera joven, refinada y atemporal.

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